20 julio 2015

Cuando el cine importa

El cine, que es arte e industria, sufre las consecuencias de decidirse entre ambos caminos.  Es un arte bipolar, que pone en aprieto a los creadores. A diferencia de la literatura, de la pintura o del teatro, una película es en buena medida sirviente de la gran pantalla y cuando la gran pantalla se convierte en el objetivo principal, comienzan las concesiones y las derrotas. Suele perder el arte y ganar el comercio. Rara vez ambos.

América Latina le ha regalado al mundo un cine importante, con contenido, un cine sensible y comprometido, y también un cine bello y trascendente. Todo esto, con mucho esfuerzo y con poco apoyo por parte de quienes tienen la obligación de proteger y promover la cultura.

Los Estados tienen (a veces) políticas culturales que rara vez implementan. Si apenas cumplen con las políticas de educación y salud, menos aún con las que conciernen a la cultura. En tiempos de crisis, lo primero que se corta en los presupuestos es la cultura, y en tiempos de bonanza, lo último que se toma en cuenta es la cultura.

Por ello resulta estimulante encontrar un Estado que tiene cierta visión de futuro y valora el papel de la educación y de la cultura, más allá de los discursos melifluos y las promesas postergadas.

Toda esa introducción para referirme al Consejo Nacional de Cine (CnCine) de Ecuador, que me invitó a mediados de junio para formar parte del Comité de Selección de Fomento a la Producción Cinematográfica y Audiovisual Intercultural 2015. Fue una oportunidad estupenda para conocer mejor ese proceso y para retomar contacto con mis amigos ecuatorianos. No era la primera vez ya que a fines de noviembre de 2014 me invitaron a participar en el Encuentro Internacional de Cine Comunitario que tuvo lugar en Cotacachi. 

El CnCine es una institución que ya quisiéramos tener en Bolivia. Es una instancia pública descentralizada y completamente autónoma, sin injerencia del gobierno, de los ministerios, de los burócratas de turno, pero con apoyo del Estado (que no es lo mismo que del gobierno), un apoyo que le permite disponer de más de dos millones de dólares anuales de fondos para apoyar la producción y difusión del cine en Ecuador.

El directorio del CnCine está conformado por siete personas: el Presidente del Instituto Ecuatoriano de la Propiedad Intelectual (IEPI), el Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, un representante de los productores cinematográficos, un representante de los directores y guionistas, un representante de los actores y técnicos cinematográficos, y dos delegados de los ministerios de Industrias y de Cultura y Patrimonio. Ojo, solamente dos ministerios, y no como en Bolivia donde la mayoría del directorio del Consejo Nacional de Cine (Conacine, un cascarón vacío), está en manos del gobierno que no hace nada por el cine ni como arte ni como industria.

Juan Martín Cueva, director de CnCine
Lo que más destaco en el CnCine ecuatoriano es la autonomía del director ejecutivo (actualmente el cineasta Juan Martín Cueva), que opera libre de influencias políticas o de intereses sectarios y con total transparencia de gestión.

Tengo en mis manos las Memorias de gestión 2013-2014 del CnCine, y no puedo sino admirar la cantidad y calidad de actividades realizadas durante esos dos años. En 160 páginas se pasa revista a logros importantísimos, uno de ellos el incremento del fondo de fomento, que creció en 30% en 2013 y nada menos que en 300% en 2014. Ese es un indicio claro de un Estado que se interesa en la cultura y que la apoya en términos concretos. (En Bolivia se invierten millones en el circo del Dakar y en centenares de campos de fútbol de césped sintético).

CnCine promociona el cine de la diversidad, por ello Juan Martín Cueva habla de “cines” y no solamente de cine en singular. La institución representa al conjunto de actores que tienen que ver con la cinematografía ecuatoriana y no está supeditada a funcionarios del gobierno que solamente ven números allí donde deberían ver ventanas y horizontes. Aunque los cineastas ecuatorianos están dispersos y mal organizados, CnCine dirige su accionar hacia todos ellos, sin exclusiones y sin favoritismos. Por ello su informe incluye un panorama completo de la producción, distribución y exhibición, con datos estadísticos y con artículos de análisis.

Gracias a la política de apertura propositiva y creativa de CnCine se ha logrado en pocos años estimular la producción y difusión del cine ecuatoriano a nivel nacional e internacional. En 2013 y 2014 películas ecuatorianas recibieron premios en veinte festivales internacionales de cine. El fondo de fomento asignó en 2014 la suma de 2.200.800 US$ dólares para las diferentes categorías establecidas.

Mujeres waorani
No hay ninguna arbitrariedad en la atribución de fondos, todo el proceso es transparente y las reglas de participación son tan claras y detalladas que la convocatoria del fondo de fomento es un libro de 192 páginas.

En 2015 se inauguró una nueva categoría de fomento a la producción cinematográfica y audiovisual intercultural, de la que me tocó ser uno de los tres jurados, junto al cineasta ecuatoriano Pocho Álvarez, a quien conozco hace tres décadas, y a Magaly Solier, actriz y cantante peruana. La inclusión de jurados internacionales en el proceso de atribución de los fondos de fomento es parte de la transparencia del proceso, ya que garantiza imparcialidad y elimina los riesgos del “amiguismo” local y las arbitrariedades que genera el uso discrecional del poder.

Magaly Solier
Con un jurado como el nuestro, da gusto trabajar. Me he referido al trabajo cinematográfico de Pocho Álvarez en otras ocasiones, ahora quiero decir algo sobre Magaly Solier. El cine peruano dio un salto a nivel internacional cuando se estrenó la película La teta asustada, de Claudia Llosa, interpretada por Magaly, que había sido la protagonista del primer largometraje de Llosa: Made in USA. Ambas películas fueron éxitos de taquilla y de crítica, y parte de ese éxito se debió a las interpretaciones de Magaly Solier, una artista con mucha energía dentro y fuera de la pantalla. Dice Magaly: "La actuación es como entrar a un pozo de agua helada cuando uno tiene el cuerpo caliente". Los días que compartimos en el jurado me permitieron apreciar sus cualidades creativas, no solamente como actriz sino como compositora e intérprete de música. En un momento de descanso en los trabajos del jurado Magaly compuso sobre la marcha música para uno de mis poemas.

Trabajos del jurado, con Magaly Solier
La categoría de cine y audiovisual intercultural es una conquista de las comunidades indígenas para contar con una categoría propia de discriminación positiva. Su filosofía se expresa en frases como: “Tu sueño es mi sueño, tu historia la mía”, “Si tu cortometraje te construye, me construye”, “Si tu documental te visibiliza, me visibiliza”, “Si gana una propuesta me sentiré ganadora también, porque el triunfo de un proyecto solo traza un largo camino que nunca termina y hay que caminarlo en colectivo, en comunidad”.

Lamentablemente esa enunciada armonía y solidaridad no se verificó al final del proceso de selección.  Aunque la mayoría de los postulantes estuvo conforme con las determinaciones del jurado, el día de la apertura del sobre sellado con los resultados, un grupo cuyos proyectos no habían sido favorecidos en la medida en que esperaban, cuestionó las decisiones tomadas por unanimidad. Detrás de esa queja había la noción bastante demagógica de que basta ser indígena para merecer el financiamiento y ganar a toda costa, mientras que para los miembros del jurado quedaba claro que los proyectos merecedores son aquellos que tenían mayor potencial cinematográfico, y no solamente los que plantean un tema interesante.

De todo lo que uno vive saca lecciones. Conclusión: ojalá Bolivia que se ufana en contar con más dinero que nunca en las arcas del Estado siguiera el ejemplo de Ecuador. Si en nuestro país hay mucha plata pero no buenas ideas, es mejor copiar las buenas ideas de otros países.

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La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir
de los pueblos ninguna conducta moral.
—José Vasconcelos